Seguro que te suena esta historia: decides que “ahora sí, es el momento”, te pones metas muy estrictas, eliminar grupos enteros de alimentos y te preparas para sufrir un poco pero porque luego valdrá la pena. Al principio la báscula baja y te sientes genial, pero algo sucede y terminas comiendo todo lo que “tenías prohibido” y acabas sintiéndote culpable.
No es tu culpa, ni tu falta de voluntad, es tu cuerpo y tu mente reaccionando ante un sistema que no funciona.
POR QUÉ PROHIBIR ES EL ERROR NÚMERO 1
1. Restricción extrema.
Empiezas con reglas como “todo o nada” o “blanco o negro”. Te prohibes alimentos como el chocolate o dulces, alimentos grasos, grupos completos como los hidratos de carbono o eventos sociales. El problema es cuándo a nuestro cerebro le prohibimos algo se vuelve automáticamente más deseable.
2. Ansiedad y obsesión.
Al restrigirnos comida nuestro cuerpo reacciona, el/los alimentos “prohibidos” ya no es solo comida sino que se convierte en un símbolo de tu libertad.
3. Pérdida de control.
Después de comer algo que consideras “prohibido” puede desencadenarse un atracón dado que sientes que como ya “rompiste la dieta”, da igual, de perdidos al río.
4. Culpa y frustración.
Tras perder el control, puede aparecer la culpa, sientes que has fallado, que no tienes disciplina lo que puede dañar a tu autoestima y tu estado de ánimo.
5. Vuelta a empezar.
Para compensar la sensación de culpa, decides volver “empiezo el lunes” y además otra vez de forma estricta, reiniciando el ciclo.
Nuestro cuerpo entra en un estado de alarma.
Nuestro cuerpo tiene un mecanismo de supervivencia. Cuando comemos poco, nuestro cuerpo piensa que estamos pasando por una hambruna y se vuelve extremadamente eficiente para ahorrar energía y defender las reservas de grasas. Esto hace que nuestro metabolismo se ralentice y cada vez se dificulte más el proceso de pérdida de peso, llevando a los frustrantes estancamientos.
Solución WELL: Un plan adaptado a ti y el poder de la flexibilidad.
No existe una única forma de alimentarse, la edad, el estado de salud, los horarios, el nivel de actividad física, las preferencias alimentarias, la cultura o el entorno influyen en la manera en que nos relacionamos con la comida y en las estrategias que mejor funcionan para cada uno.
Por eso, en Well Nutrición trabajamos con planes nutricionales totalmente personalizados. No se trata de entregar un menú estándar, sino de diseñar una alimentación que se adapte a tu día a día, tus objetivos y necesidades reales.
Un plan que no tiene en cuenta tu rutina, tus gustos o tus circunstancias puede ser fácil de abandonar. En cambio, cuando la alimentación se adapta a ti, y no al revés, resulta más sencillo mantener los cambios a largo plazo.
La flexibilidad, es otro factor fundamental para que los nuevos hábitos se mantengan en el tiempo. Durante años se ha asociado el éxito con seguir normas estrictas y no cometer ningún error. Sin embargo, la evidencia científica indica que las personas que mantienen hábitos saludables durante más tiempo no son las más rígidas, sino aquellas que saben adaptarse sin sentir que han fracasado.
Una alimentación saludable no consiste en comer “perfecto” todos los días. Dentro de esta alimentación hay cabida tanto para elecciones nutritivas y equilibradas, y la inclusión de comidas sociales, celebraciones o alimentos que disfrutas sin que eso suponga abandonar tus objetivos. Más que seguir reglas rígidas, el objetivo es desarrollar una forma de alimentarse que puedas mantener con naturalidad y que te permita cuidar tu salud sin renunciar al placer de comer.


